domingo, 12 de marzo de 2023

Monasterio de Uclés

 MONASTERIO DE UCLÉS

Donde la historia sigue viva

A medio camino entre Cuenca y Madrid, sobre la ladera de una empinada colina, se alza Uclés, una hermosa villa de orígenes celtíberos y romanos que parece anclada en el pasado. Rodeada por los restos de sus murallas, sus torres, siempre vigilantes, observan inmutables el transcurrir de los siglos.

Y en la cumbre, sobre un cerro que tiene a sus pies el pueblo y el río Bedija, se levanta el Monasterio de la Orden de Santiago, un conjunto monumental extraordinario a la par que majestuoso, al que se ha dado en llamar con acierto "El Escorial de La Mancha".

El monasterio formaba parte de un conjunto de fortificaciones que tuvo sus orígenes en la dominación musulmana de la Península Ibérica. Tras su reconquista por los cristianos fue donado por el rey Alfonso VIII a la Orden de Santiago. Era el 9 de enero del año 1174, como se recoge en el llamado Tumbo Menor de Castilla. Una de sus miniaturas muestra la escena de la donación junto a un dibujo del primitivo castillo.







El monasterio, cabeza de la Orden de Santiago

La Orden convirtió el castillo de Uclés en su casa madre (Caput Ordinis, Cabeza de la Orden), conformando un formidable complejo de edificaciones, parte de las cuales aún se conservan en la actualidad, destacando, de norte a sur, las torres del Pontido y el Palomar, aún de la fortaleza árabe, y unida a ellas por un imponente lienzo de muralla, la torre Albarrana o torre del homenaje nuevo, en el extremo meridional.

Con el fin de la reconquista, en el siglo XVI, la administración del maestrazgo de la Orden de Santiago pasa a la Corona de Castilla y pierde de forma progresiva su función militar. Bajo el reinado de Carlos I, el 7 de mayo de 1529, el Prior D. Pedro García de Almaguer inicia una reforma radical que convertirá el monasterio medieval en el actual edificio. Una inscripción en el ábside de la iglesia del monasterio recuerda dicha fecha.

La duración de esta nueva construcción, más de dos siglos, dará lugar a una acertada combinación de estilos arquitectónicos.

El interior del monasterio se articula en torno a un claustro del siglo XVIII cerrado por treinta y seis arcos, con el bello brocal barroco del aljibe en el centro. Alrededor de este claustro las dependencias más notables son el refectorio (s. XVI), con un majestuoso artesonado renacentista, la sacristía plateresca donde ha dejado su huella Andrés de Vandelvira, (actualmente utilizada como capilla), y la escalera regia, de estilo barroco. Además, de la soberbia iglesia herreriana, obra de varios arquitectos, destacando entre ellos al conquense Francisco de Mora, terminada en 1598, cuyo chapitel está coronado por la cruz, emblema de la orden y bajo ella característica figura de su veleta: un gallo que aún hoy sigue girando al compás de los vientos.

Aunque destaca el estilo herreriano, en un recorrido por el exterior del edificio podemos admirar la variedad estilos en sus fachadas: la fachada este, de estilo plateresco, de traza diseñada posiblemente por Enrique Egas, las fachadas herrerianas del norte y oeste, correspondientes a la iglesia mayor, y la fachada principal, finalizada en 1735 por Pedro de Ribera en estilo churrigueresco, reinando ya Felipe V.






De monasterio a seminario: dos siglos agitados

Apenas un siglo pudieron habitar los caballeros santiaguistas su monasterio después de terminado. El 13 de enero de 1809 tuvo lugar la tristemente famosa Batalla de Uclés, primer saqueo, que continúo durante toda la Guerra de Independencia, la invasión de las tropas napoleónicas causó daños irreparables.


​Las desamortizaciones obligan a cerrar el edificio y la Orden de Santiago lo abandona de forma forzosa. En 1874 pasa a ser propiedad del Obispado de Cuenca, que establece en él una sección del Seminario Conciliar de Cuenca. Entre los siglos XIX y XX, el monasterio pasaría por los más diversos usos y vicisitudes: convento de los Jesuitas que habían sido expulsados de Francia, colegio de segunda enseñanza y noviciado de los Agustinos.

​Al estallar la Guerra Civil Española en 1936, el monasterio queda en zona republicana, primero es saqueado, los frailes y alumnos son expulsados. Desapareciendo lo que quedaba de su primitivo esplendor, unido al saqueo que ya había sufrido por parte de los franceses en 1808.

​Después se instala un hospital y tras la Guerra Civil el deteriorado edificio es utilizado como cárcel por el gobierno. Es rehabilitado por “Regiones Devastadas” y adaptado para ser utilizado como Seminario Menor del Obispado de Cuenca, andadura que comienza el curso 1949-1950. Durante sesenta y tres años miles de alumnos han pasado por sus aulas. De su importancia para la Diócesis de Cuenca da cuenta el hecho de que actualmente la mayor parte de los sacerdotes diocesanos inició su formación en Uclés












Un monasterio vivo donde la historia continúa

En 2012, a causa del reducido número de estudiantes y la difícil situación económica, el actual Obispo de Cuenca, D. José María Yanguas decide la reunificación en Cuenca de ambos seminarios, volviendo a la situación anterior a 1949.





Es entonces, en septiembre de 2012, cuando el Monasterio de Uclés se reinventa una vez más y se abre a su función actual: ser no sólo una atracción turística visitada cada año por decenas de miles de personas (ya lo venía siendo), sino dar también la posibilidad de acoger entre sus muros centenarios la celebración de conciertos y actividades culturales, convivencias, campamentos, ejercicios espirituales, encuentros de grupos y asociaciones, cursos de verano, etc… A partir de marzo de 2019, con el cambio de gestión, ha comenzado una nueva etapa con grandes proyectos para el edificio, que se irá materializando poco a poco los próximos años.

Fuentes: https://www.monasterioucles.com/historia 


























MONASTERIO DE UCLÉS por ÁNGEL SOTOMAYOR RODRÍGUEZ es con licencia Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional